

Había una vez unos niños que gustaban hacer jardín y canteros de diferente forma: cuadrado , circular y trapecio isósceles.
Eligieron un lugar donde hacerlo, que fue al lado del portón, hacia el oeste.
Las plantas que eligieron los niños con la practicante fueron muchas, pero entre ellas estaban los conejitos.
Regamos un día, dos días, pero uno de los conejitos no crecía porque no tenía raíz y nadie se había dado cuenta: una niña la había roto y no había dicho nada.
Sacamos la planta del cantero y pusimos otra. Ésa sí creció y vivió mucho tiempo.
Ana Paula Soutto
(6º año)













